Abandona de una vez por todas los castillos góticos encantados, los fantasmas, vampiros y brujas para diseñar un inframundo de seres semihumanos, extraterrestres o extradimensionales, y el terror se transforma para el lector en un miedo a lo cósmico, al universo. En el mundo del autor existe siempre algo amenazador, pero no se sabe nunca su naturaleza hasta tal punto que por mucho que luchemos quedamos prendidos en ella.





