¿Qué espera encontrar K. en el castillo? ¿Qué busca en ese lugar al que se dirigen todas las miradas? “¿En qué pueblo me he extraviado? ¿Existe un castillo aquí?”, pregunta el protagonista en la primera página del libro. ¿Es el castillo, pues, un encuentro, un hallazgo, una casualidad? ¿K. lo busca realmente? ¿Qué espera encontrar el propio Kafka en El castillo? Sí; quizá espera encontrar una meta, la misma que lleva tanto tiempo buscando, la misma que no parece poder alcanzar nunca. Contaba Max Brod, en la famosa “Advertencia final a la primera edición”, que Kafka le dijo que en el inexistente final de la novela, el “agrimensor” conseguía su premio, una satisfacción, “en parte al menos”. Pero esa expresión, “en parte al menos”, no significa que se alcance una meta; es quedarse a medias. Ese “quedarse a medias” de la literatura de Kafka, ese quedarse colgado sobre un vacío que apenas intuimos, ese detenerse al borde del precipicio o en la misma linde del bosque. Ese quedarse en el camino de vuelta de la aldea, tras de atender a un enfermo.
El castillo es considerada por muchos especialistas de la obra kafkiana como la cúspide literaria del escritor praguense, debido tanto a su complejidad estructural y a su madurez simbólica y metafórica, como a la densidad intelectual de los motivos que la forman. Efectivamente, en El castillo, escrito en la última fase de la vida del autor, cuando la enfermedad progresaba con una desesperante tenacidad, la fuerza expresiva de Kafka alcanza una intensidad inusual, siendo testimonio de la falta de compromisos del autor, de su firme voluntad de enfrentarse a un terrible reto existencial: el «asalto contra la última frontera terrenal» su deseo de ser «final o principio». Esta madurez e intensidad, su extraordinario estilo, el cual, como dijo Hermann Hesse, convierte a Kafka en un rey secreto de la prosa alemana, hacen de la novela El castillo un joven clásico de la literatura universal, un clásico que, como El proceso , ha desencadenado un alud de interpretaciones y comentarios, no sólo literarios, sino filosóficos, teológicos, psicológicos, políticos y sociológicos, demostrando así que ha tocado el nervio de nuestra época.





